Rusia y China convierten a Cuba en antena

El reporte afirma que Moscú y Pekín ampliaron su presencia de inteligencia en la isla, a sólo 145 kilómetros de Florida.

Cuba dejó de ser únicamente el último gran vestigio político de la Guerra Fría en el Caribe. Según el Departamento de Estado de Estados Unidos, la isla se ha transformado en una plataforma estratégica desde la cual Rusia y China pueden vigilar comunicaciones, proyectar influencia y acercarse al territorio estadounidense sin desplegar una gran fuerza militar.

El reporte sostiene que La Habana funciona como un multiplicador de poder. Rusia aporta crédito, combustible, equipamiento militar y capacidades tecnológicas; Cuba ofrece territorio cercano a Florida, experiencia en inteligencia humana y acceso a redes políticas construidas durante más de seis décadas.

La ubicación lo explica todo. Desde Cuba pueden observarse rutas marítimas, bases militares, instalaciones espaciales y comunicaciones del sureste estadounidense. La distancia entre la isla y Florida convierte cada antena en una ventana abierta frente al patio trasero de Washington.

El documento identifica 18 instalaciones conocidas de inteligencia de señales en territorio cubano. Dos estarían vinculadas a Rusia y tres serían operadas activamente por China; algunas instalaciones podrían funcionar mediante cooperación conjunta con personal cubano.

El informe añade que Rusia y China habrían triplicado su personal de inteligencia en la isla desde 2023. La afirmación coloca a Cuba en el centro de una nueva arquitectura internacional: una base donde confluyen intereses militares, tecnológicos y políticos de los principales adversarios estratégicos de Estados Unidos.

Para Moscú, la ventaja consiste en regresar al hemisferio occidental sin reconstruir el enorme despliegue soviético del siglo pasado. En vez de llenar el Caribe de tropas, Rusia puede apoyarse en instalaciones, contactos e infraestructura que sobrevivieron al colapso de la Unión Soviética.

El reporte asegura que empresas tecnológicas rusas han utilizado Cuba como plataforma para ampliar su presencia en América Latina y ofrecer sistemas avanzados de vigilancia a gobiernos aliados. Esas herramientas podrían permitir supervisión interna, operaciones de desinformación y acceso indirecto a datos sensibles.

México vuelve a aparecer en el radar. El documento menciona que la presencia de funcionarios de inteligencia rusos acreditados como diplomáticos en territorio mexicano ha generado tensiones con Estados Unidos. La acusación plantea una pregunta incómoda para la región: hasta dónde llega la actividad diplomática y dónde comienza la operación encubierta.

China, por su parte, habría negociado nuevas capacidades de inteligencia electrónica capaces de captar comunicaciones del sureste estadounidense y vigilar el movimiento de embarcaciones. El interés de Pekín no es romántico ni ideológico: es acceso, información y posición geográfica.

La relación también beneficia a Cuba. Frente a una economía marcada por apagones, escasez y falta de divisas, las alianzas con Rusia y China ofrecen créditos, inversiones, infraestructura, tecnología y respaldo político internacional.

La gran paradoja del reporte es brutal: un país con dificultades para mantener encendidas las luces de sus viviendas podría albergar equipos capaces de escuchar comunicaciones estratégicas de una superpotencia. La pobreza interna no impediría que el territorio cubano conservara un enorme valor militar.

La conclusión estadounidense es que Cuba funciona como tejido conectivo de una coalición más amplia en la que convergen Moscú, Pekín y otros actores adversarios. Washington ya no observa solamente a La Habana: mira las antenas, los técnicos extranjeros y las sombras que trabajan detrás de ellas.